Qué sentí al dejar de trabajar

Durante muchos años escuché los aplausos, los elogios y los halagos desmesurados por el solo hecho de trabajar en un lugar importante. No me los creí.
Mi trabajo nunca fue excepcional pero fue en extremo esmerado. Y bueno, creo yo. Sentí orgullo por mis conquistas cotidianas durante 17 años de esfuerzo y de reconocimiento de muchos jefes y compañeros. No de todos, por supuesto.
Aclaro que intento escribir sin vanidad pero también sin pudor a contar las cosas tal cual las viví. 
Trabajar para una marca importante es un imán poderoso que atrae la simpatía y el interés de vecinos, de un mozo, de un amigo perdido, de alguien famoso, de un empresario, de un político...
Todas esas las pasé. Sabiendo que no existía más que un embelesamiento efímero producto del falso aura de poder que reviste a los que simplemente trabajamos en lugares de prestigio. 
Pero más allá de cualquier claridad, uno se acostumbra a un trato, a una estima, a despertar permanentemente interés. A ser centro de atención y de reconocimiento, merecido o no.


Reproducción casera de una foto del genial Ale Querol. Yo entrevistando gente en una peregrinación a Luján. 1995

Dejar de trabajar en un lugar así -y encima no seguir trabajando- fue un golpe de realidad duro de digerir. Pasó después de tener a mi primer hijo y por razones que no viene al caso explicar.
Recuerdo el shock que fue salir con mi bebe a una plaza de barrio y ver que había un grupito de madres ¡que no me daban ni la hora!. Mientras escuchaba de costado sus charlas de pañales y comiditas me enfurecía por dentro que tuviesen el tupé de no reparar en mí ¡que era tanto mas interesante! (Disculpen la honestidad brutal, así era como pensaba en esos tiempos).
Y poco a poco el interés en mí fue decayendo en distintos ámbitos. Ni hablar el reconocimiento. Esa chica en un tiempo llena de virtudes fue convirtiéndose en alguien común y corriente. Una mujer que no trabaja. Una cachetada terrible para mi ego. Un necesario sacudón hacia adelante. 
¿Una mujer que no trabaja? Después de conocer por años el vértigo de horas incansables dentro de una oficina, incluidos domingos y días feriados, de pasar pruebas y de ganar mi derecho de piso, ahora finalmente me tocaba estar del otro lado.
Yo lo había elegido por razones convincentes. Pero no se anda por la vida dando explicaciones.
Y entonces los juicios. Las indirectas. La sospecha de que no se hace nada. El menosprecio por los logros cotidianos. El desinterés. La subestimación. La desaparición. Porque no importa cuán importante sea la meta personal en marcha, no se ve nada. 
Esta experiencia la tuve no solo con personas del ámbito laboral, también con otras increíblemente cercanas. Excluyo afortunadamente a mi marido que -aunque no le gusta que lo nombre- siempre entendió y acompañó mi decisión.
Rondaron como moscas frases del tipo “¿y vos, qué planes tenés?” “¿no te parece que ya es hora?” “fulanita tiene 500 hijos y le va tan bien en su trabajo” “hoy las mujeres no pueden no trabajar” “a mí se me atrofiaría el cerebro quedándome en mi casa”.
Me abstuve con trabajada paciencia y silencio de responder como hubiese querido. Sabiendo que cada insinuación era una tentación a abandonar mi camino de reafirmación sustentado en la convicción personal y no en la aprobación o en el convencimiento de los otros.
Debo decir que es un camino solitario y difícil. Un camino que se riega con el propio juicio, el propio estímulo, los propios valores y anhelos. Y si bien confieso que he sentido una nostalgia tremenda por volver a estar de aquél otro lado, nunca dejé de mirar el futuro e inspirarme en ése mi sueño grande, el que miro cada vez que siento incertidumbre. Un sueño que es mucho más que trabajo. Es el sueño de quien quiero llegar a ser y de la vida que quiero tener.
Pasados muchos momentos de flaqueza y de confusión, de broncas e impotencia, de miradas recelosas o de no miradas, hoy puedo decir que me reconstruí en el anonimato de mi hogar.
Y desde ese lugar sin marca ni brillo creo haber reconquistado el interés genuino, la valoración de los otros y la mía. Hoy se con claridad que soy una mujer que jamás dejó de trabajar. Que la construcción de estos años ha sido más dura que la anterior porque no hubo más aplausos ni más elogios que mi propia voz. (sigue abajo)

Hoy, un domingo cualquiera a la mañana, trabajando en mi escritorio. Miami, FL


Hoy retomo lentamente el mundo laboral. Y, aunque no lo diga mi curriculum, siento la seguridad de quien ha recibido un ascenso. Hoy tengo la convicción de que -con o sin oficina- trabajo a diario por esa mujer que sabe hacia dónde va.



Comentarios

  1. Siempre me emocionan tus escritos, tus sentimientos, esa luchadora que siempre fuiste.Nunca dejaste de trabajar, uno trabaja en la construcción de una familia y es un trabajo duro por no ser reconocido. Tu objetivo y valores son claros. Estoy muy orgullosa de vos. No te detengas seguí tu camino. Necesito tus escritos siento que me estas acompañando

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    1. Por si no lo notaron, ésa es mi mamá! :) Gracias vieja por tu apoyo incondicional y por educarme para tener siempre una mirada libre y comprometida. Estás siempre cerca por encima de cualquier distancia. Te quiero

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  2. Que bien pones en palabras lo que siento yo exactamente igual a vos. Lo que debemos sentir miles de mujeres que hicimos caminos parecidos y también elegimos trabajar de otra manera. Te re admiro!

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    1. Me acuerdo de esa foto en tus primeros años en el diario, no podia creer que trabajaras ahi!! Marina+

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    2. Son los dos comentarios tuyos querida? Jaja! O tengo otra admiradora??? :) Gracias por acompañarme todos estos miles de años, por bancar mis stress y mis cuestionamientos desde aquél verano terrible en Quintana hasta los veranitos maiamenses de hoy en día. Love, love, love

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  3. Ay Tere... cómo decirte que entiendo, comprendo, vivo esas sensaciones... Los años, la evolución, el crecimiento nos ayudan a ponerlo en palabras, soltarlo al viento... y sentir el ascenso que decís!

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    1. Gracias Anita! me imagino que es una experiencia que compartimos muchas de las que trabajamos ahí y otras tantas en otros lugares parecidos. Gracias de nuevo por compartir tus comentarios!!

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  4. Muy bueno, a cuántas nos pasó lo mismo. Son fuertes los cambios de rumbo y después del sacudón inicial (el momento dramático de la plaza con madres bobas :) salimos fortalecidas. Te mando un beso grande

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  5. Jaja! Gracias Vale!! la cantidad de situaciones surrealistas que he tenido creo que darían para un post aparte...el contraste de estar en una reunión de tapa del diario a estar en una reunión de madres del cole!!! Tuve que hacer un enorme trabajo de aprendizaje, de aceptación y humildad. Todo suma!!

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  6. Tal cual!! Se me hizo un nudo en la garganta cuando lei el titulo del post y se aflojo al leerlo. Tan cierto!! Me paso lo mismo. Estamos tan etiquetadas que me sigo sintiendo desnuda desde que deje de trabajar. Ese me encargo de los chicos que deja miradas pidiendo mas. Y yo tambien era la que siempre tenia el laburo mas interesante el de los viajes los eventos! Todo el tiempo nos bombardean con que las mujeres tenemos que ser libres blabla pero cuando elegimos libremente otra cosa que no es por ahi lo que los demas esperan ya nos vuelven a enjaular que que desperdicio que mantenida comoda etc... en fin. ya lo dijiste todo vos. Gracias tere mil gracias.

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    1. Me hiciste acordar de esa frase tan repetida "¡qué desperdicio!" que en algunos casos es sincera y en otros una crítica encubierta! Lo de mantenida o cómoda jamás me lo dijeron, creo que hubiese tirado por la borda mi autocontrol y explicado con vehemencia cuánto más cómodo me hubiese resultado trabajar que quedarme en casa...Gracias Ceci por participar tanto con tus comentarios!

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  7. Tere... Muy linda nota!!! Me sentí muy identificado en muchas partes. Pero dejame decirte algo: no estás de un lado o de otro. Vos sos todas. Tanto la de las reuniones de tapa, hace unos años, como la de las reuniones del jardín. El problema es que el diario es una experiencia intensa, que te rodea de una ilusión. Vos misma reconocés que para muchísima gente sos interesante en tanto periodista de un diario importante. Luego, uno se va, y pasa a ser "uno más". Pero también es una ilusión. Uno siempre es "uno más", incluso en un diario... O puede ser uno muy especial y único, en particular para la gente que te interesa en serio, y que realmente vale la pena en serio, empezando por tu familia y amigos. Lo otro, insisto, es una ilusión que te mantiene embotado para que hagas sin chistar un trabajo lindo, pero también muy sacrificado y en no muy buenas condiciones. Es solo droga para el ego. Yo también me fui del diario, hace 10 años, más que nada para criar a mis hijas tipo "Papá Ingalls". Y durante 6 años así fue, hasta que volví al ruedo. Sentí las mismas cosas que vos... Las mismas contradicciones. A veces extrañó ese vértigo, esa sensación de estar en lo importante. Pero, sabés qué? Es mi pasado. Fue lo que fue, con lo lindo y lo feo. Una etapa que me encanta haber vivido, pero no repetiría. Porque, al fin y al cabo, lo importante es otra cosa y está dentro tuyo y a tu alrededor. Quién me quita haber estado pegado a mis hijas durante sus primeros años? Quién se lo quita a ellas? Cuando decidí renunciar, me decían que estaba loco, que iba a a "desaparecer". No desaparecí. O desaparecí, sí, pero para gente que a mí no me interesa. Por el contrario, me encontré conmigo y me pasaron -y me pasan- cosas maravillosas. Como a vos. Besos, y suerte en esta nueva etapa!!!!

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  8. Gracias Fer por tan buen testimonio! y muy bueno saber que esto le pasa a los padres también. Primero, te felicito por la decisión de jugarte por tus hijas; me imagino que para los hombres es más complicado en algunos aspectos. Segundo, creo que una cosa es tener claro quién es uno ("uno más", como bien decís vos o "nada excepcional" como decía yo respecto de mi trabajo) y otra cosa es lo que se recibe del contexto cotidiano (de falsos elogios en un tiempo a una errada subestimación en otro). Vuelvo a coincidir: es todo una ilusión. Lo importante me parece, en una u otra circunstancia, es rescatar la conciencia plena de quién somos realmente, desintoxicada de las distorciones ajenas. Genio, gracias por leer y comentar! beso grande y please no desaparezcas, jajaja!

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  9. Tere, qué bueno leerte. Te felicito por la nota y me siento muy identificado con lo que decís, aunque mi historia no fue exactamente así hasta este momento.
    Si bien mi mujer y yo no dejamos nunca de trabajar, sí que tuvimos que enfocar el trabajo de un modo progresivamente diferente a medida que iban llegando nuestros hijos (tenemos siete), integrando el trabajo "externo" con el "interno", que nos repartimos entre los dos. Fue y es una experiencia muy linda, aunque por momentos cueste...
    Me parece que en un esquema de división muy tajante de trabajo "externo" para uno y trabajo "interno" para el otro (en general, hombre y mujer respectivamente), a pesar de lo que quizá parezca a primera vista, quien asume el trabajo externo de esa manera es el que de veras se sacrifica: deja entre paréntesis o sin la atención que merece lo más importante de la vida. Y dicho al revés, desde la experiencia de los últimos años de tantos y tantas: con la "entrada" del hombre al hogar (a la preparación de la comida, al seguimiento de los deberes, a las aparentemente pequeñas tareas de la casa) quien más se beneficia es él mismo...

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  10. Juan, qué interesante tu comentario! me encanta la perspectiva masculina del tema y tu enfoque acerca del verdadero sacrificio. Yo creo que ambas formas de trabajar exigen una gran renuncia (a uno mismo o a los otros) pero es esa renuncia la que dignifica mucho más cualquiera de ambos trabajos. Gracias por compartirlo!

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    1. Tere, ¡gracias por responder! Sólo dos matices: creo que para que de veras la renuncia se haga sacrificio en el sentido más genuino de esta palabra -el hacer algo sagrado, el entregarlo, según la etimología -"sacro" y "facere"-) cada una de las opciones -cualquiera de los dos "radicales" o una intermedia (intentar conciliar trabajo interno y externo, no pocas veces con apuros en el frente interno y "compitiendo" en el frente externo con personas que al tener algo más despejado el panorama tienen más tiempo e incluso energía)- debe ser siempre elegida y ofrecida por los demás, de modo particular por tu mujer/marido e hijos.
      Vistas las cosas así, por un lado, quien "renuncia" a los otros por sí mismo no se "sacrifica" en el sentido que comentaba más arriba y, por otro lado, paralelamente, es posible situarse en cualquiera de las tres alternativas y no lograr que la renuncia sea sacrificio. Es decir, es posible que un padre o madre que renuncien por su trabajo a estar todo el tiempo que quisieran con sus hijos llegue a hacer de esa renuncia un sacrificio, porque la ha hecho de veras por los demás (por su marido/mujer e hijos), y es posible también que un padre o madre que por controlar los deberes, cambiar chicos, lavar, cocinar, etc. dejó su trabajo externo no haya transformado esta renuncia en sacrificio porque no consigue dejar de pensar que dificultó o impidió su desarrollo profesional.

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  11. Gracias de nuevo Juan! creo que da para una larga charla en persona! me encantan este tipo de comentarios que mueven a pensar más profundo sobre cosas con las que convivimos a diario. Gracias por inspirarme a mí y seguramente a muchos lectores. Saludos!

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